
Son
varios años ya sin
César Manrique
y, si no lo evitamos, poco a poco su
influencia se irá diluyendo en el tiempo.
No
hace falta esforzarse demasiado para encontrar parte de su obra en
cualquier
rincón de Lanzarote como centinelas
del espiritu de César que ama
profundamente nuestra tierra.
La
mejor manera de preservar nuestra
isla es recordar la figura de este ser
increible que contagió con su entusiasmo
a todo un pueblo para que se sintieran orgullosos de su tierra y la
mostraran al mundo entero.