pintura






Sin Título
1965

Después de dos décadas de intensa actividad artística en la capital de España, en diciembre de 1964 se traslada a vivir a Nueva York, ciudad que junto con Madrid constituye un hito fundamental en su biografía.

Nueva York era en aquellos momentos una urbe en pleno apogeo cultural. El artista buscaba un cambio en su vida, inestable desde la muerte de su compañera Pepi en 1963, y también nuevos estímulos para su arte. Becado por el Instituto Internacional de Educación de Nueva York para estudiar el arte estadounidense, fue contratado en exclusiva por la Catherine Viviano Gallery, una sala prestigiosa en la que expuso de ma- nera individual en tres ocasiones.

El contacto directo con el expresionismo americano -Pollock, Rothko-, el pop -Warhol, Rauschen- berg-, la nueva escultura -César, Chamberlain-, el arte cinético, etc., fue de gran importancia para su evolución artística, no sólo para su pintura -de hecho , Manrique realiza sus primeros collages en Nueva York, técnica que le reportó nuevas posibilidades plásticas y con la que realizó obras de gran lirismo-, sino también para sus demás facetas creativas: esculturas, murales, intervenciones espaciales...

Manrique era un hombre predispuesto al goce, al deleite. La conciencia de la brevedad de la vida le alejó de cualquier sentido trágico de la existencia. La metrópoli neoyorkina era lo menos parecido al Madrid puritano donde había residido largo tiempo, y fascinó al artista: museos, conciertos, exposiciones y una intensa vida social, en la que estableció lazos de amistad con personalidades del mundo cultural; Barbara Rose, John Bernard Myers, Andy Warhol, etc. .


Hermafrodita
1968


Tinecheide
1965








Zonza
1966