pintura







Sin Título
1948

Tras recibir una beca, en 1945 se traslada a Madrid e ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que tuvo como maestros, entre otros, a Vázquez Díaz y Eduardo Chicharro. Coincidió en la aulas con Francisco Echauz, Francisco Farreras y José María Labra, con los que estableció amistad, Poco después conoció a la que fue su mujer Pepi Gómez, con quien le unió una estrecha relación sentimental hasta su muerte en 1963.

El artista Ilega a Madrid con una experiencia personal asentada básicamente por su vivencia en un territorio - --Lanzarote- - cuya escasa extensión había favorecido en él un proceso de identificación plena. La importancia que para Manrique tuvo el cambio de residencia se refleja en la evolución de su pintura de 1945 a 1953/54. El imaginario insular -barcos, nasas, palmeras, peces- siguió estando presente en sus composiciones, pero, gradualmente, éstas van alejándose del naturalismo virtuosista de sus primeras obras para dejar emerger su preocupación por sintetizar su aprehensión de la realidad, por extraer de ésta sus características definitorias,

Para ello adecuó su lenguaje plástico a las nuevas necesidades de representación. Nuevas formas en las que la herencia de Matisse en el color y de Picasso en el dibujo son reconocibles, Su interés por definir las estructuras elementales de las cosas le Ilevó en 1953-54 a componer una serie de monotipos --que expondrá en la galería Clan de Madrid, en 1954-- con los que se adentró en la investigación del arte no figurativo, situando así su obra en el ámbito de las inquietudes vanguardistas del grupo de artistas interesados en la renovación del arte español de la posguerra.

Ese mismo año, junto al crítico Manolo Conde y al pintor Fernando Mignoni, promueve la creación de la galería Fernando Fe, que atenderá decididamente al arte no figurativo. Pese a ser una obra desarrollada en su mayor parte en Madrid, la crítica acostumbró a relacionarla con su isla natal. Búsqueda de la esencialidad que le instó en 1958 a hacer desaparecer de la superficie de sus cuadros los pictogramas esquemáticos y secretos, otrora característicos en su pintura no figurativa, para lograr con menores recursos plásticos el máximo de expresividad. Una etapa de austeridad fundamental para encontrar el material con que elaboró su pintura de madurez: la materia, que será a partir de esos instantes la que asuma, con la potencia de su relieve, casi en exclusiva, el protagonismo significativo de la misma.

Desde la primera mitad de la década de los cincuenta, Manrique era ya un artista de reconocido prestigio. Ello permitió que fuera seleccionado para la Bienal de Venecia de 1955, repitiendo en 1960. Asimismo, participó en varias muestras de pintura española que recorrieron los principales museos europeos e hizo exposiciones individuales importantes como las de la galería Fernando Fe y Clan en Madrid, o Craven en París. La aceptación pública de su trabajo determinó que recibiera diversos encargos para realizar murales en varias instituciones y empresas -Banco Guipuzcoano, Hotel Fénix,~ Cine Princesa, Aeropuerto de Barajas ....-, actividad en la que fue prolijo y que le facilitó establecer relaciones de colaboración con los arquitectos, con los que compartió puntos de vista sobre urbanismo, defendiendo la integración de las artes. Idea ésta que, evidentemente, constituyó sólo un apunte anticipatorio de las propuestas artísticas que desarrollará posteriormente cuando regrese a Lanzarote.



Alegoría de la isla - 1950









Sin Título
1953






Tierras ordenadas
1958



Los Brujos
1964